La idea de que todo el universo, incluyendo
todas las galaxias, estrellas, planetas, ríos, montañas, plantas y
animales, ha sido creado para uso y deleite de los seres humanos es
una idea tan absurda que no valdría la pena hablar de ella… sino
fuera porque también es una idea considerada una verdad absoluta, todavía, por muchas
personas.
Las enseñanzas religiosas, empezando por el “creced y multiplicaos” de la tradición judeo-cristiana, no son la única razón. Hay algo en nuestro temperamento de primates que nos predispone a ver el mundo de una cierta manera. Goethe explica que creer que los humanos somos el objetivo final de la existencia del universo es una conclusión esperable: “El hombre está acostumbrado a valorar las cosas en la medida en que le son útiles, y por lo tanto dispuesto por temperamento y situación a considerarse la obra cumbre de la Naturaleza, ¿por qué no debería creer también que representa su propósito final?”



Todos estamos informados y preocupados de la desgracia que vive Haití tras el devastador terremoto de 7.0 grados acaecido el 13 de enero. El epicentro del terremoto, no lejos de la capital Puerto Príncipe, devastó la ciudad y los muertos que se apilan en las calles se cuentan por decenas de miles. La magnitud del desastre ha dañado severamente los sistemas de telecomunicaciones, por lo que poca información se puede obtener además de la que emiten los escasos reporteros apostados en el lugar. Como de costumbre, no sabemos nada de las víctimas no humanas de esta catástrofe.
El cambio climático es un tema recurrente y tras el fracaso de la Cumbre de Copenhague, siguen faltando compromisos y medidas serias a nivel de estados. Mientras, los ciudadanos comunes y corrientes seguimos tratando de averiguar si tienen real impacto los cambios que hagamos en nuestra vida diaria a favor del medio ambiente.

La Navidad y el Año Nuevo pueden producir montañas de basura si uno no pone atención, convirtiendo a las fiestas de fin de año en un verdadero ecocidio.